jueves, 21 de junio de 2007

"TIENE QUE SER AL GORE"

NOTA DEL EDITOR: El diario "La Nación" publicó hoy en su columna de opiniones una muy interesante de "Peter Preston", sobre las razones por las que Al Gore debiera levantar su candidatura presidencial en estados Unidos de América, de cara a las próximas presidenciales.
Fundamentalmente sostiene que Gore tiene como valor agregado la coherencia y credibilidad en materia ambiental, a propósito de su conocida y ya antigua preocupación por el cambio climático. Además es un agente mediático que ha permeado la discusión desde el mundo científico, al político, y lo que más puede darle créditos: a la población en general. Y ello no solo en USA sino que en muchos países, incluyendo Chile. No obstante las descalificaciones que algunos personajes emiten respecto de Gore (hay una particularmente fuerte de parte de H. Buchi, acá en Chile), la realidad es que "si" tenemos problemas con el cambio climático, y que "sí" hay una probada influencia del hombre en ello. Gore no es cientìfico, es un político. Un singular político que además ha estudiado el tema y habla con propiedad y documentadamente, con mucho mayor conocimiento que la gran mayoría de los políticos a nivel mundial.

Este es precisamente su "valor de diferenciación política" que podría abrirle las puertas a una candidatura. Sugiero la lectura de este artículo. Como dice el autor, "El calentamiento global es un tema radicalmente anormal que necesita un líder propio. Gore se ha planteado como tal. No puede quedarse sentado y pontificando". Agrega que "Gore no está terminado y no se ha ido. Por el contrario: con su perfil y su estructura organizacional todavía instalados, se ha convertido en el verdadero profeta de Estados Unidos para el cambio climático".....

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La Nación, Jueves 21 de Junio de 2007
El calentamiento global es un tema radicalmente anormal que necesita un líder propio. Gore se ha planteado como tal. No puede quedarse sentado y pontificando.
Como siempre, el debate estadounidense instala una ciudad reluciente en un cerro y la llama Las Vegas. La pregunta no solamente es a quién necesita Estados Unidos como su próximo Presidente, sino por quién vale la pena apostar. Hagan sus apuestas, por favor. ¿Puede Hillary hallar la calidez humana para ganar unas cuantas primarias? ¿Cortará la mostaza Obama en Mississippi? ¿Es John Edwards una irrupción pasajera? Pero esta vez, quizás, el juego es distinto. Ahora todas las apuestas normales no corren.
Sólo en ocasiones un nuevo político del barrio puede transformar las prioridades políticas. El líder del Partido Conservador británico David Cameron (aunque los dignatarios laboristas o liberal-demócratas no lo admitan en público) lo hizo. Puede que hasta hoy no haya evidenciado mayor interés en materias medio ambientales. Sus columnas online, escritas desde mucho antes de que el liderazgo tocara a su puerta, son notablemente escasas en verduras. Pero en el momento en que tomó su bicicleta e hizo de salvar al planeta por una causa conservadora, fue el momento en que el tema mismo, el cambio climático, tuvo un cambio de paso en la conciencia electoral británica. Un Primer Ministro David Cameron no podría dejar que el calentamiento global yazga inerte en la mesa de las preocupaciones mundiales sin exponerse a sí mismo como falso y oportunista, y del modo más humillante. Dentro o fuera del cargo, debe seguir pedaleando por soluciones. Tampoco puede cerrar el pico, para que as í otros lo abran. ¿Educación, educación, educación? ¿Y para qué diablos sirve eso si tu escuela se encuentra bajo el agua? ¿Salud pública? No en los hospitales, donde el aire acondicionado colapsó. El clima cambia, pero el desafío no. Y aquí es donde llegamos a la verdad inconveniente sobre Al Gore. Y por qué él tiene que ser el próximo hombre en la Oficina Oval.
Para estar seguros, la experticia política normal bosteza ante la sola perspectiva. ¿El pobre viejo lúmpen Al? Bill Clinton le pasó el poder en bandeja hace siete años y él lo dejó resbalar. No le iba a permitir al viejo mago que le diera una mano. Acudió a los viejos demócratas y no a los nuevos, ofreciendo ancestral música ambiente ante los sindicatos de funcionarios públicos. Hizo que más-de-lo-mismo de economía muy exitosa pareciera una amenaza, no una promesa. Quizá en algún lugar de Palm Beach pusieron a secar sus posibilidades, pero en ningún caso debió haber llegado tan apretado. Tuvo su oportunidad y la desperdició. Está terminado; dejémosle ir entonces.
Sólo que Al Gore no está terminado y no se ha ido. Por el contrario: con su perfil y su estructura organizacional todavía instalados, se ha convertido en el verdadero profeta de Estados Unidos para el cambio climático. Al comienzo, aquello parecía como un retiro o como un avance hacia algún estilo de carrera tipo show-business, lanzando estaciones liberales de radio, haciendo películas honestas. Pero los hechos, si fuésemos honestos, han reconfigurado todo. Cuando Gore asumió la amenaza del calentamiento global, hace media década, era sólo una figura en un lado del debate. Decía que las emisiones de dióxido de carbono estaban arruinando a nuestro mundo y que algo se debía hacer. George W. Bush (y su mitad republicana del globo) no estaba de acuerdo. No había cambio climático y, por lo tanto, ninguna necesidad de acciones incómodas; se podía tranquilamente dejar hirviendo a Kioto. Pero eso, crucialmente, ha dejado de ser el punto. No hay un debate artificialmente equilibrad o. No sabemos exactamente cuán seria se ha hecho la amenaza (algo entre horrorosa y absolutamente desastrosa), pero la ciencia en su conjunto dice que existe una clara amenaza. Los estados norteamericanos, desde California a Rhode Island, se están suscribiendo unilateralmente a protocolos internacionales. Las empresas estadounidenses no lo pueden ignorar, ni menos sus nuevas tecnologías. Si hasta George W. Bush quemó subrepticiamente sus viejas creencias en el G-8 de este mes en Alemania.
¿Cuánto tiempo demoraremos en tomar acciones decisivas? Diez años a lo más, dicen las más audaces voces estadounidenses (como Jim Hansen, el máximo jefe de NASA para el cambio climático) ¿Y dónde necesariamente se ubica el centro de esas acciones? En Washington DC, porque allí es donde cualquier combate contra la polución global necesariamente empieza. Otros políticos y naciones pueden presionar y predicar, pero con las decisiones definitivas arrancando desde la Oficina Oval. ¿Es eso posible cuando el cambio climático es sólo un tema “normal” entre muchos, que debe ser ceremonialmente sopesado frente a los puestos de trabajo estadounidenses, o los precios del gas, o las importaciones chinas? No lo es. Pero allí es, con inevitables tonos de énfasis, donde todo candidato presidencial se instala. Demasiado tímido, demasiado lento. El calentamiento global es un tema radicalmente anormal que necesita un líder propio. Gore se ha planteado como tal. No puede quedarse sentado y po ntificando. Tiene que postular. Y, cuando lo haga, el resto de nosotros tenemos que dejar a un lado las ilusiones inconvenientes y escuchar. PETER PRESTON
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2 comentarios:

Juan Camilo Ferrer (Colombia) dijo...

Profesor Praus,
Me alegra saber de usted. Siempre leo atentamente sus correos.

Respecto al político norteamericano Al Gore tengo serias dudas. En días pasadas dejo plantada a la comunidad colombiana y especialmente a nuestro presidente Uribe en una reunión planeada con meses de anticipación en Miami (precisamente del tema ambiental) con el pretexto de una columna periodística en un medio gringo, en la cual le realizaban unas imputaciones calumniosas a nuestro presidente, sin tomarse el trabajo de averiguar si eran ciertas o no. No contento con lo anterior, se encargo personalmente de que el partido demócrata disminuyera sustancialmente la ayuda económica a Colombia en el llamado "plan Colombia" con lo cual se tuvo que paralizarnla ejecución de programas sociales, como la sustitución de cultivos ilícitos. Esto para los colombianos fue una afrenta sin precedentes, irrespetando y agrediendo a una persona que nos devolvió la seguridad a los colombianos y acorraló a los narcoterristas de la banda FARC (unos de los principales depredadores del medio ambiente en el mundo, según estudios juiciosos realizados por publicaciones europeas) que nos tuvieron angustiados por décadas.

Esto viene al caso, porque el actuar tan presuroso del mencionado personaje y con tanto desconocimiento, sin medir consecuencia alguna, me deja serias dudas acerca de su profundidad en otros temas, como el de medio ambiente. En conclusión,es un personaje que no me insipira credibilidad. Con estos atenuantes y estas prevenciones leo sin embargo sus apreciaciones acerca de los temas que nos interesan.

Un abrazo
Camilo Ferrer
Abogado
Ministerio de Ambiente, Vivienda y
Desarrollo Territorial
Bogotá - Colombia

Alberto dijo...

Con el respeto que me merece el gobierno colombiano y la figura del presidente Uribe, las sospechas de vinculaciones con los "paras" van más allá de una simple columna periodística.